Modelo de contrato de alquiler de habitación: qué tiene que llevar y qué no

Actualizado el 23 de agosto de 2026

Esto no es asesoramiento jurídico. Es lo que la experiencia dice que conviene que lleve un contrato de habitación en España, explicado para que puedas revisar el tuyo. Si tu caso tiene algo particular —zona tensionada, vivienda habitual del inquilino, local o uso mixto— que lo mire un abogado.
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Por qué no vale un contrato de alquiler normal

Un contrato de vivienda cede la casa entera a una persona o a una unidad familiar. Un contrato de habitación cede una habitación y un uso compartido de las zonas comunes, con otras personas que no eligió el inquilino y que van cambiando. No es una versión reducida: cambian cinco cosas de sitio.

Si coges un modelo de vivienda y le tachas «la vivienda» para poner «la habitación», te quedas sin lo que de verdad da problemas: quién paga qué de la luz cuando uno entra a mitad de mes, qué pasa con las zonas comunes, y qué ocurre cuando el problema no es con el casero sino entre convivientes.

Las diez cláusulas, y qué tiene que decir cada una

1. Objeto: qué habitación, y qué zonas comunes

Identifica la habitación de forma que no admita discusión («habitación 2, exterior, con balcón») y di qué zonas comunes puede usar. Aquí se resuelve la mitad de las peleas antes de que existan: si el trastero, el garaje o la terraza no entran, se dice. Y se hace constar que el uso es compartido y no exclusivo, y que el arrendador puede alquilar las demás habitaciones a terceros.

2. Duración: y qué pasa al vencer

Fecha de entrada, meses y fecha de fin. Y lo que casi nunca está escrito: si al vencimiento se prorroga o se extingue. Sin eso, llegado el día ninguno de los dos sabe qué pasa y se resuelve discutiendo.

El régimen del alquiler por habitaciones sigue pendiente de que se apruebe el decreto que lo mete en la LAU: lo que hoy se firma se rige por el pacto entre las partes y el Código Civil. Lo tienes explicado en la guía de la reforma de 2026.

3. Renta: cuánto, cuándo y por dónde

Importe, día límite de pago y cuenta donde se ingresa, con el justificante valiendo de recibo. Y una frase que ahorra discusiones cada vez que alguien entra o sale a mitad de mes: los meses incompletos se pagan por días de ocupación efectiva.

4. Gastos: la cláusula que más se pelea

Dos caminos, y hay que elegir uno por escrito. O la renta los incluye —y entonces conviene añadir «dentro de un consumo razonable conforme a un uso ordinario», porque si no la estufa de 2.000 W en enero la pagas tú— o no los incluye, y entonces hay que decir cómo se reparten.

El único reparto que aguanta a alguien entrando el día 15 es por días de estancia efectiva: la factura se divide entre la suma de los días que ha estado cada uno. Y la otra mitad del sistema es enseñar el desglose: un reparto que no se puede comprobar se discute siempre, por muy justo que sea. Lo explicamos con números en la guía de cómo repartir los gastos.

5. Fianza: una mensualidad, no dos

La fianza legal de un arrendamiento de vivienda es una mensualidad. Pedir dos es costumbre, no ley. Y en la cláusula tienen que estar tres cosas: de qué responde (impagos y daños que excedan del desgaste normal), en cuántos días se devuelve tras la entrega de llaves, y que no puede aplicarse al pago del último mes — que es exactamente lo que intenta todo el mundo al irse.

6. Estado de la habitación: el inventario de entrada

La cláusula más corta y la que más dinero decide. Basta con decir que el inquilino recibe la habitación en el estado que refleja el inventario de entrada con sus fotografías, que se incorpora como anexo, y que ese será el elemento de contraste con el inventario de salida.

Sin esa frase y sin esas fotos, la discusión de la fianza es tu palabra contra la suya, y la suele ganar quien tiene pruebas. Ninguno de los dos las tiene. Cómo hacer un inventario que sirva.

7. Uso: subarriendo, cesión y pisos turísticos

Prohibición expresa de ceder el contrato y de subarrendar, total o parcialmente, incluso gratuitamente — esa coletilla es la que impide el «es que se ha quedado mi primo». Y prohibición expresa de destinar la habitación o cualquier zona de la vivienda a alojamiento turístico, que es lo que puede costarte a ti el problema con la comunidad y con el ayuntamiento.

8. Conservación, averías y acceso

Quién paga qué: las reparaciones necesarias para conservar la habitabilidad son del arrendador; las pequeñas reparaciones por el desgaste del uso, del inquilino. Y el acceso: el arrendador puede entrar a comprobar el estado o mostrarla, avisando con al menos 24 horas y en horario razonable, salvo urgencia con riesgo inminente. Escribir esto protege a los dos: al inquilino de que le entren sin avisar, y al casero de que le nieguen la entrada cuando hay una fuga.

9. Normas de convivencia: dentro del contrato, no en un WhatsApp

Horario de silencio, visitas, mascotas, fumar, limpieza. Aquí no hay ninguna regulación que copiar: vale lo que se pacte. Pero tiene que estar dentro del contrato y firmado el día de entrada, no dicho de palabra el día del problema.

Una norma acordada por escrito antes de entrar se cumple; la misma norma recordada por el grupo a las once de la noche se discute. Y si hay que resolver el contrato por incumplimiento reiterado, la diferencia entre poder hacerlo y no poder es justo esa firma.

10. Desistimiento, resolución y protección de datos

Con cuánta antelación puede irse el inquilino y qué debe hasta la fecha de efectos. Qué causas permiten resolver el contrato (impago, uso prohibido, daños dolosos, incumplimiento grave y reiterado de las normas previo requerimiento escrito). Y la cláusula de protección de datos: quién trata los datos del inquilino, para qué, cuánto los conserva y cómo ejercer sus derechos. No es relleno — es obligatoria.

Los cuatro errores que se repiten

Copiar un modelo sin mirar la fecha. La mitad de lo que sale en Google se escribió antes de la ley de vivienda de 2023 y no se ha vuelto a tocar.

No decir cómo se reparten los gastos. Es la causa número uno de bronca en un piso por habitaciones, y se resuelve con dos líneas escritas antes de entrar.

Pedir dos meses de fianza «porque se hace así». Además de discutible, empieza la relación pidiéndole a alguien 1.350 € por una habitación de 450.

Dejar las normas fuera del papel. Lo que no está firmado no se puede exigir, y lo que no se puede exigir acaba siendo lo que decida el que más aguante.

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